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El costo humano de la desinformación: muchos estadounidenses se arrepienten de no haber recibido la vacuna

Esta semana, los analistas de AM quieren ofrecer una mirada de mejor calidad a la información errónea acerca de las vacunas de COVID-19. Si bien las estadísticas y los análisis más amplios ofrecen una imagen clara acerca del gran problema para convencer a los estadounidenses de ser vacunados, con frecuencia una gran parte de la historia es pasada por alto: el costo humano de la desinformación.

Se puede tomar como ejemplo la historia de Olivia Guidry, una joven enfermera de Louisiana que trabajaba en Ochsner Lafayette General Medical Center. A pesar de su ocupación, Guidry dudaba de las vacunas y fue presa de la información errónea.

El 11 de julio de 2020, Guidry tuiteó: “¿Soy la única que piensa que ellos pueden ver cuánto pueden controlarnos? Somos explícitamente un experimento social”.

Menos de un año después, el 10 de julio, Guidry murió en la Unidad de Cuidados Intensivos luchando contra el COVID-19. Ahora los miembros de su familia también están contagiados con el virus y se está creando una recaudación de fondos para ayudar a compensar los costos que pronto enfrentarán.

Otra historia trágica es la de Randy Hellmann, un dirigente sindical de la Federación Estadounidense de Empleados Estatales, de Condados y Municipalidades (AFSCME, por sus siglas en inglés). Al mismo tiempo que la desinformación ha desacelerado el despliegue de vacunas, a Hellmann se le diagnosticó el virus solo dos semanas antes de su cita de vacunación. Llamando desde su cama de hospital, Hellmann llamó a su “camarada sindical” de AFSCME, Pat Rensing, y le pidió que le hiciera una promesa:

“Necesito tu promesa, Pat. Quiero que me utilicen como ejemplo modelo para la vacunación. No quiero que nadie pase por lo que yo estoy pasando”. Hellmann falleció a la edad de 58 años, el 13 de marzo de 2021.

También está el caso de Quentin Bowen, un granjero de 41 años de Nebraska. Después de no haber contraído la enfermedad mientras su esposa e hijo la tenían, en conjunto con la disminución del número de casos, Bowen no sintió que fuera necesario recibir la vacuna. Bowen comenzó a sentirse enfermo un día, y después de varios días de que su condición no mejorara, decidió hacerse la prueba para el COVID. Después de recibir una prueba positiva, Bowen se fue con una prescripción de medicamento para la tos.

Unos días después, su estado aún no había mejorado. Al despertar una mañana con un ataque de tos, su esposa lo llevó a la sala de emergencias donde una tomografía computarizada mostró coágulos de sangre “enormes” en sus pulmones. Bowen pasó una semana en el hospital recibiendo grandes cantidades de oxígeno a través de una sonda nasal, así como anticoagulantes.

Si bien ya se ha recuperado y tiene la intención de vacunarse tan pronto como sea elegible en unos meses, lamenta no haber tomado la vacuna antes. Todavía está lidiando con efectos secundarios que reducen significativamente su capacidad para completar la mayoría de sus tareas agrícolas y duerme con un bote de oxígeno. También tiene un mensaje para los escépticos acerca de las vacunas, “… confíe en la ciencia, olvídese de la política y las redes sociales, y vacúnese… no hay nada en esta vacuna que pueda hacerle lo que esta enfermedad le puede hacer. ¿Así que para qué tomar el riesgo?”

Uno puede imaginarse la posición en la cual se encuentran los médicos y enfermeras cuando tratan contra el COVID a pacientes en estado crítico. Ahora que la vacuna ha estado disponible para casi toda la gente durante varios meses, la posibilidad de evitar esas muertes debe tener un costo aún mayor para los trabajadores de la salud. La Dra. Britney Cobia, del Grandview Medical Center en Birmingham, escribió en Facebook: “Una de las últimas cosas que hacen antes de ser intubados es rogarme por la vacuna. Les tomo la mano y les digo que lo siento, pero que es demasiado tarde”. Como hemos informado anteriormente, casi todas las hospitalizaciones y muertes actuales por causa del COVID son de personas que no fueron vacunadas.

A medida que más historias trágicas como éstas emergen en las noticias y los medios de comunicación, las agencias de salud pública harían bien en considerar la adición de un elemento más “humano” a sus campañas en contra de la indecisión frente a las vacunas. La muerte de amigos y familiares parece ser un fuerte punto de inflexión para muchos de los que dudan en vacunarse o niegan la existencia del COVID-19. La adición de más rostros e historias que indiquen que el sufrimiento a causa del COVID-19 es evitable podría aumentar las tasas de vacunación.

AM LLC está trabajando actualmente en todo el país con varios estados y agencias de salud pública en pruebas, rastreo de contactos y programas de vacunación. Los condados, estados o socios de K-12 que estén interesados en asociarse con AM para apoyar a mitigar el COVID-19 deben comunicarse con el Dr. Christopher K Orlea en c.orlea@amllc.co.

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